157 años después. ¿Qué queda de su espíritu?

Pasó un nuevo 1º de mayo declarado día del trabajador en recuerdo de hechos sangrientos que tuvieron lugar en Chicago en 1886. Siendo esta una fecha que ha tomado trascendencia internacional nosotros seguimos ignorando que también el 1° de mayo es el día fundacional de nuestra República Argentina.

¡El 1° de mayo de 1853 fue establecida nuestra Constitución original!

Yo creo que por este no inocente olvido hace décadas que los argentinos vivimos como un perro que intenta morderse la cola haciendo las mismas cosas y afirmando que nuestro problema es que cada nuevo gobierno destruye lo que hizo el anterior.

Es por eso que ya varias generaciones convivimos con las mismas cuestiones. A lo largo de mi vida he visto como todos los que han logrado encaramarse en el poder por los medios que fueren, elecciones ó golpes de Estado, siguen una misma línea de pensamiento: la libertad es peligrosa y el Estado debe ser quien decida por nosotros. Es decir que hace décadas vivimos contradiciendo nuestros principios esenciales.

Tras el por todos repetido argumento de que nos falta un "proyecto nacional" abandonamos desde hace varias generaciones el único que permitió que la Argentina sugiera del desierto para convertirse en el hogar de todos los que respondieron al llamado de nuestros constituyentes de 1853.

Me parece que ya no podemos seguir viviendo al margen de nuestros valores fundacionales.

La contradicción entre la libertad y el estatismo dirigista queda transparentada por las contradicciones entre el preámbulo original y el modificado de la Constitución reformada en 1949.

Pese a haber sido derogada, el espíritu de la Constitución de 1949 sigue vigente y su ideología ha impregnado con sus contenidos nacionalistas, esencialmente totalitarios y autárquicos, las prácticas y propuestas políticas de todos los partidos. Es por eso que el debate de ideas ha sido rebajado a una simple y descarnada lucha por el poder.

Promover "la cultura nacional" es dar por sentado que quienes nos querramos sentir argentinos deberemos adaptarnos a un molde preestablecido por sus ideólogos. Que quienes creemos que la cultura de nuestro país será el fruto de los usos; las costumbres y la creatividad de todos y cada uno de sus habitantes, amparados en la garantía de los beneficios de la libertad para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, representamos la "antipatria".

Es creer que los que descendemos de quienes llegaron hace algo más de cien años respondiendo a un llamado generoso, si seguimos creyendo en los principios y valores que convocaron a nuestros mayores, representamos la contaminación con ideas extranjerizantes de los "sagrados valores" de la Patria.

El agregado de la irrevocable decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana, es absolutamente coherente con: "primero la Patria; después el movimiento y por último los hombres".

Es el reconocimiento de una vocación totalitaria merced a la cual todos los argentinos estamos al servicio de un difuso "proyecto nacional" que definirán quienes detenten el poder político. Más grave aún es que seremos instrumento de quienes logren imponer sus intereses personales convirtiéndolos en los intereses de la Nación.


La defensa de una arbitraria idea de "cultura nacional", por ser esta discriminatoria, atenta, como ha quedado demostrado, contra el propósito de constituir la unión nacional y asegurar la paz interior

También ha resultado contradictoria con la promesa citada de garantizar los beneficios de la libertad.

El propósito irrevocable de constituir una Nación socialmente justa; económicamente libre y políticamente soberana, no sólo a fracasado rotundamente sino que ha logrado sumergirnos en una decadencia social y económica y desprestigiarnos en el concierto de las naciones.

La Justicia, en tanto está orientada a posibilitar la armonía entre los hombres al asegurar los derechos individuales, siempre es social.

Cuando se convierte en "justicia social" interferiere en la libre relación entre los individuos politizando hasta los más mínimos aspecto de nuestras vidas.

Cuando la Justicia muta en "justicia social" los ciudadanos libres interactuando en la búsqueda de su propia felicidad se convierten en súbditos sometidos a los caprichos del poder político.

La necesidad de “justicia social” es una premisa atentatoria, pese a su disfraz benéfico, contra la paz entre los conciudadanos ya que lleva implícita la afirmación de que algunos se apoderan de lo que es de todos. De ahí la calificación de desposeídos en reemplazo de pobres. Siendo así además de fomentar el resentimiento en vez de la armonía declamada como objetivo, elimina el derecho de propiedad todavía garantizado por nuestra Constitución..

Abolido el derecho de propiedad también queda abolida la libertad para cuya vigencia es condición necesaria, aunque no suficiente, el respeto irrestricto de la misma que consiste en no sólo en la posibilidad de ser tenedor de bienes sino en el derecho a disponer, valga la redundancia, libremente de sus frutos y los del trabajo personal.

Es unánime entre los argentinos la convicción de que la corrupción es uno de los grandes males a corregir.

Lo que pocos afirman es que la corrupción es consustancial con el poder de los gobernantes que, disimulando su codicia bajo la falsa promesa de promover el desarrollo económico, convierten en prioridades de todos los intereses de unos pocos.

Durante estos últimos años, como durante muchísimos otros de nuestra persistente decadencia hemos visto como la "burguesía nacional", a la que podríamos denominar más justamente "empresarios amigos del poder" han logrado enriquecerse al amparo de los funcionarios de turno.

En una sociedad de hombres libres , por lo tanto con plena vigencia de lo derechos individuales, con una economía también libre y abierta, es imposible lucrar si no es ofreciendo los bienes y servicios que los ciudadanos necesiten y a los precios que estos estén dispuestos a pagar.

Finalmente, ante el vacío conceptual imperante es hora de que le devolvamos su verdadero significado al artículo 1° de la Constitución que establece:

"Art. 1º.- La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente Constitución."

Representativa quiere decir que quienes asumen los cargos previstos en ella no son quienes nos mandarán sino que deberán actuar en representación de nosotros sus electores.

No los elegimos para que declamen refundar la Argentina mientras violan los derechos más elementales reconocidos en su texto. Lo hacemos para que simplemente administren el patrimonio común en resguardo de los derechos de todos, es decir de cada uno de los habitantes del suelo argentino cuya libertad deben respetar.

Republicana significa, coherentemente con lo precedente, que el poder está dividido para limitarlo.

Ser federal por último no quiere decir que quienes se apropien del esfuerzo de los que producen sean los gobernadores y demás mandatarios locales (mandatario debería reemplazar a "autoridades" en nuestro léxico político) sino que lo que reconoce el federalismo es, contrariamente, que el poder les pertenece a los ciudadanos y aquellos están obligados a cumplir sus mandatos, es decir a respetar los derechos individuales y obedecer a sus representados.

Por todo lo anterior es impostergable que quienes creemos en los principios establecidos en nuestra deformada, cuando no olvidada, Constitución de 1853 nos unamos en su defensa creando una alternativa a las unánimes propuestas de la corporación política encaramada en el poder político